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¿Servirá De Algo Conectar Tu Cuerpo Con Tus Emociones?

by Lourdes Treviño on April 3, 2010

La mente es un instrumento muy potente si la utilizamos correctamente.

Sin embargo, si se usa de forma inapropiada, puede resultar destructiva, es más, generalmente la mente nos utiliza, en vez de que nosotros la utilicemos.

Llegamos a identificarnos tanto con nuestros pensamientos, que llegamos a creer que somos nuestra mente. Esa es la ilusión. El instrumento se ha apoderado de nosotros.

La buena noticia es que puedes ser Causa sobre tu mente. Empieza por escuchar tu diálogo interno, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Haz un esfuerzo por ser el testigo que presta especial atención a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esas grabaciones que han estado dando vueltas en tu cabeza durante años.

Cuando escuches esa voz, no juzgues. No califiques ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha encontrado una nueva forma de hacerse presente.

Con la práctica te darás cuenta de que la voz está allí y tú estás aquí, observándola. Esta comprensión del Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento.

Surge de más allá de la mente.

Así, cuando escuches un pensamiento, no sólo seas consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Siente como si hubiera una presencia consciente —tu yo profundo— por debajo o detrás del pensamiento. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energizas tu mente identificándote con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

En lugar de observar al pensador, también puedes dirigir toda tu atención al momento presente haciéndote intensamente consciente de éste. Lo cual es muy satisfactorio y de hecho es la esencia de la meditación.

En la vida cotidiana puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.

  • Por ejemplo, cada día al darte una ducha, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas al baño: la sensación y el sonido del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del shampoo, etc.

Cuando camines, presta mucha atención a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.

Cuando te sientes en la cama para disponerte a dormir, antes de acostarte, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia. Lo puedes repetir al levantarte.

Un buen signo de que lo estás haciendo bien es una sensación de ausencia de miedo y preocupación, y el desarrollo de paz interior.

Miedo o Preocupación: la reacción del cuerpo al diálogo interno.

La mente, no es únicamente el pensamiento, también incluye las emociones y las reacciones inconscientes. El  miedo o la preocupación surgen en el punto donde cuerpo y mente se juntan. Es el reflejo de la mente en el cuerpo.

Cuanto más te identificas con tus recuerdos, percepciones, asociaciones, sensaciones, suposiciones e interpretaciones, es decir, cuanto menos presente estás como observador consciente, más fuerte es la carga de energía emocional, seas consciente de ella o no. Si no puedes sentir tu miedo o preocupación, acabarás sintiéndolos en un nivel puramente físico, como un síntoma por ejemplo el insomnio.

Es posible que te resulte difícil ser consciente de la actividad de tu mente inconsciente en forma de pensamientos, (está comprobado que diariamente generamos más de sesenta mil pensamientos), pero siempre se reflejarán  en el cuerpo como miedo, preocupación o ansiedad, de lo que sí puedes tomar conciencia.

Observar tus miedos o preocupaciones es similar a observar un pensamiento, la diferencia es que, mientras el pensamiento está en tu cerebro, la emoción tiene un componente físico, de modo que se siente principalmente en el cuerpo.

Tenemos 2 lugares en el cuerpo en donde percibimos las emociones:

  • El área del corazón
  • El plexo solar o boca del estómago.

 

Y hay dos tipos de sensaciones:

  • Bienestar
  • Malestar

 

Debes evitar que el miedo o preocupación te controle a través de observar y sentir conscientemente.

Si practicas así, todo lo que es inconsciente en ti saldrá a la luz de la conciencia.

Crea el hábito de preguntarte constantemente:

¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? ¿Siento tensión, pesadez, ligereza, alegría, tristeza, miedo?

Este cuestionamiento despertará tu consciencia superior. Pero no analices, simplemente observa. Enfoca tu atención hacia dentro de ti. Deja sentir en todo tu cuerpo la energía neutral de tus miedos y preocupaciones.

¿de dónde proviene el miedo?

La gran mayoría de nuestros miedos y preocupaciones  no tienen nada que ver con algún peligro real e inmediato. Estos pueden adoptar diversas formas: desazón, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc. El miedo del que huimos frecuentemente se refiere a algo que podría ocurrir (futuro), o como efecto de algo que ocurrió (pasado)… no a algo que ya está ocurriendo.

El miedo tiene muchas caras: miedo a la pérdida, miedo al fracaso, miedo a que nos hieran, miedo a perder y así sucesivamente; pero, en definitiva, la fuente de todos los miedos son nuestros apegos y deseos.

Por ejemplo, algo tan aparentemente trivial y «normal» como la necesidad de tener razón en una discusión y demostrar que el otro está equivocado —defender la posición mental con la que te has identificado— se debe a determinados apegos originados en el ego.

Si te identificas con una posición mental y resulta que estás equivocado, tu sentido de identidad, basado en la mente, se sentirá bajo una seria amenaza de pérdida. Por tanto, tú, como ego, no puedes permitirte estar equivocado.

Cuando dejas de identificarte con la mente, el hecho de tener razón o estar equivocado es indiferente para tu sentido de identidad; de modo que esa necesidad compulsiva, apremiante y profundamente inconsciente de tener razón, pierde toda su fuerza. Tu sentido de identidad deriva entonces de un lugar más profundo y verdadero dentro de ti, no de la mente.

Esta historia zen ilustra lo anterior:

Tres monjes estaban argumentando sobre una bandera ondeando. “Es el viento lo que realmente se mueve”, afirmó el primero. “No, es la bandera lo que se mueve”, aseguró el segundo.

“Ni la bandera ni el viento se mueven”, dijo el tercero, “es la MENTE la que se mueve”.

Observa cualquier actitud defensiva o búsqueda de control que surja en ti. ¿Qué estás defendiendo?, ¿qué es lo que quieres controlar?: una identidad ilusoria, una imagen mental, una entidad ficticia. Haciendo consciente este patrón y observándolo, puedes romper la identificación con él. El patrón inconsciente comenzará a disolverse rápidamente a la luz de tu conciencia.

El control sobre los demás es debilidad disfrazada de fuerza.

El verdadero poder está dentro, y está siempre a tu disposición.

Una de las mejores formas de eliminar nuestros miedos  y preocupaciones es reconocer que este momento es lo único real, por lo tanto procuremos estar totalmente conscientes de lo que ocurre en nuestro cuerpo-mente a cada instante, es un camino seguro para resolver el insomnio y vivir en paz.

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LUCIA July 20, 2012 at 2:23 am

ME PARECE A MI UN ARTICULO MUY PROFUNDO QUE A VECES ME CUESTA TRABAJO ENTENDER, AUNQUE SI ME HACE SENTIDO. ME PARECIO MUY SIGNIFICATIVO LOS
3 ULTIMOS PARRAFOS. POR SUPUESTO QUIERO LEERLO VARIAS VECES PARA ENTENDERLO MEJOR.

Lourdes Treviño July 22, 2012 at 4:12 pm

Hola Lucía,

Te hace sentido porque hace resonancia con tu sabiduría interna y los tres últimos párrafos, es en donde está la esencia de la práctica. Gracias por tu comentario.

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