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EL CRIADO

by Lourdes Treviño on November 5, 2010

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Mi amiga Blanca Alemán, ávida lectora en temas tan afines a los míos me envió un cuento hindú que deseo compartir con ustedes.

Se trata de un hombre  muy agobiado porque su casa estaba hecha un caos y el tiempo no le alcanzaba para ordenarla y menos para mantenerla ordenada. Entonces visita a un sabio para pedirle consejo y ayuda. El sabio le dice que él le puede facilitar un criado para que le ayude con las labores del hogar y así pueda mantener su casa ordenada, pero que debía tomar la precaución de mantenerlo siempre  ocupado ya que si el criado estaba ocioso, se volvería en su contra y lo mataría.

El hombre se puso muy contento y no le preocupó la advertencia, pues con el caos que tenía estaba seguro de que el criado jamás tendría tiempo libre.

Fue así como el hombre esperó la llegada del criado. Al poco tiempo su casa comenzó a estar ordenada y el criado cada vez tenía menos cosas por hacer, esto le recordó la advertencia del sabio y se dio cuenta que pronto el criado iba a estar ocioso. Volvió a visitar al  sabio y le preguntó que podía hacer a lo que el sabio respondió: “Vuelve a tu casa y cuando el criado tenga tiempo libre dile que construya dos columnas en el frente de tu puerta y cuando las haya construido, cada vez que el criado vaya a estar desocupado, envíalo a trepar por las columnas una y otra vez hasta que lo vuelvas a necesitar”.

La explicación que leí del cuento en ese mismo libro era bastante simple, el criado era la mente bien adiestrada y las columnas representaban el espíritu, sin embargo entender el cuento es una cosa, experimentarlo es otra muy distinta.

El tipo estaba confundido, era víctima de su mente (miedos, preocupaciones, enojo, carencias, etc.) El sabio, que era su yo superior le ayudó a “ordenar” su mente poniéndola en el lugar que debía, o sea, en la del criado. De esa manera la mente debía ocuparse de los asuntos que le correspondían tales como leer, calcular, orientarse, comunicarse, contemplar, disfrutar, etc., y salir de todo hábito relacionado con los miedos y preocupaciones. Fue así como el hombre se vio con espacio suficiente en su cabeza como para contemplar el aquí y ahora. Finalmente las columnas representan la espiritualidad y la instrucción era clara, cuando tu mente esté ociosa ocúpala en los asuntos de Dios.

Sin embargo esto plantea un nuevo desafío, el primero es el relacionado con aquietar la mente, transformarla en tu “criado”. El segundo es “construir las columnas”…. “construir una nueva espiritualidad” y digo nueva porque si has decidido sanarte y estas siguiendo estas líneas es porque la espiritualidad que has usado hasta ahora es limitada y necesita ser actualizada.

¿Cómo se construye esta columna?

 

Se comienza por sanar el alma, ordenar la casa (cuerpo y mente) y limpiar los vidrios (cambiar el enfoque) que te impiden ver el majestuoso paisaje plagado de milagros día a día.

Sanar el alma es una gran tarea, es la única tarea que en realidad “vale la pena” en el verdadero sentido de la palabra, o sea, vale  el sufrimiento que has experimentado o experimentarás para sanarte, lo que no significa que la espiritualidad sea sufrimiento, sino por el contrario, es la liberación de estos.

Sanar el alma es poner en orden nuestra vida, nuestro pasado, nuestras relaciones, pero por sobre todas las cosas “Reconocer” la divinidad que hay en nosotros y reclamar los atributos y dones que merecemos como divinidades que somos.

Cuando termines de construir esta columna espiritual ya te habrás conectado concientemente a la fuente y verás como tu vida se sincroniza de manera perfecta, es ahí cuando tu mente adquiere la virtud de vivir el aquí y ahora, la pureza de no juzgar, la capacidad de contemplar y sobre todo el “valor” de no tener miedo.

El cuento dice que una vez que hayas construido esa columna podrás ocupar tu mente en los momentos de ocio en asuntos espirituales

Y la pregunta obligada es… ¿Cómo es tu relación con el criado?

¿Cuáles son los asuntos espirituales?

Vivir al aquí y ahora, ser feliz, hacer el bien, disfrutar a la familia, gozar a tus hijos, leer libros, participar en algún grupo de beneficencia o caridad, aprender a sanar con las manos o las palabras para ayudar a otras personas, meditar y enviar luz a los rincones más oscuros del planeta, tomar algún curso o taller de crecimiento  y tantas otras cosas que puedes elegir para ocuparte en las cosas de Dios, que son tus cosas, es lo que haces con amor y dedicación, lo que ayuda a otros y no daña.

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