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LOS ROLES

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by Lourdes Treviño on April 7, 2011

LOS ROLES

Existe una fuerte tendencia a pensar que “Somos lo que hacemos” y consideramos sumamente importante actuar de acuerdo a lo que se considera apropiado con la actividad y a valorar nuestros actos de acuerdo a ella.
Si en nuestro modelo mental sentimos que algo no encaja a la idea que los otros tienen de cómo debiera ser lo que hacemos (referencia externa), entonces bloqueamos la comunicación con nosotros mismos (referencia interna) y sin importar lo que pensemos o sintamos, actuamos de acuerdo a como creemos que el otro quiere que se den las cosas y es así como caemos en un círculo vicioso de conservar el rol que desempeñamos de acuerdo a lo que se espera de nosotros.

Quien nos observa refuerza su idea de que el rol es valioso ya que estamos siempre tratando de complacerle, de cumplir sus expectativas, refuerza la convicción de que ese rol existe, que tiene vida, que es algo real; simultáneamente nos brinda una “seguridad” y un refuerzo en que ese rol debe conservarse.
¿Qué pasa entonces? Resulta que “otros” deciden y validan lo que soy… lo que siento y pienso no juega, no cabe, no importa, no contiene, no tiene lugar, en mis relaciones con “los demás” DEBO hacer todo lo posible porque mi conducta satisfaga, llene, guste, complazca. No importa lo que yo en realidad sienta, lo importante es que el otro esté bien, pues eso es lo que me va a llevar a pensar que soy capaz. Es decir, si logro que el otro esté satisfecho conmigo, yo seré más valioso puesto que seré el causante de su bienestar:”El salvador”.
¿A qué crees que pueda conducir esto?
A engañarnos.
A vivir en una farsa.
A no ser congruentes.
A traicionarnos.
A no sernos leales.

Lo curioso es que el otro puede tener el mismo tipo de modelo mental que yo, es decir, puede que le importe más hacerme sentir bien o enseñarme el camino, puesto que eso lo valida a él. ¡El está jugando el mismo juego!
Llegamos así a la máxima incongruencia: Soy lo que “los demás” perciben que soy.

Esto no es SER. Es vivir tratando de complacer a los demás, de ser aceptado, y ¿sabes qué?….
¡Esta es exactamente la receta para ser INFELIZ!

He aquí una poesía de Juan de Dios Peza que ilustra perfectamente lo que he escrito:

Reír llorando



Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz.
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez ante un médico famoso,
llegose un hombre de mirar sombrío:
-Sufro -le dijo- un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.

-Viajad y os distaeréis. -Tanto he viajado
-Las lecturas buscad -Tanto he leido-
Que os ame una mujer – ¡Si soy amado!
-Un título adquirid -Noble he nacido.

¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas
- ¿De lisonjas gustáis ? – ¡Tantas escucho!
-¿Que tenéis de familia?…-Mis tristezas
-¿Vais a los cementerios?… -Mucho, mucho.

¿De vuestra vida actual tenéis testigos?
- Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

-Me deja- agrega el médico -perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick podéis curaros.

-¿A Garrick ? -Sí, a Garrick…La más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡tiene una gracia artística asombrosa !

-Y a mí me hará reir?-Ah, sí, os lo juro !;
él, sí, nada más él…Mas qué os inquieta?…
-Así -dijo el enfermo -no me curo:
¡Yo soy Garrick ! Cambiádme la receta.

¡Cúantos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reir como el autor suicida
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay ! ¡ Cuántas veces al reír se llora!..
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro rie!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestras plantas pisa
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto;
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

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